10 CONSEJOS FOTOGRÁFICOS DE ALTURA (3 y 4)
Publciado por javierselva - 25/09/08 a las 03:09:42 pmContinuamos con algunos consejos fotográficos para haceros más fácil vuestra vida de fotógrafos montañeros. Seguimos con los preparativos generales antes de cualquier excursión o viaje:
3. Las tarjetas de memoria son el dispositivo de almacenamiento de la imagen de vuestra cámara digital. Lo que eran los antiguos carretes de fotos. Muchas veces tendemos a infravalorar este elemento de nuestro equipo pensando que una vez que la imagen sale de la cámara importa poco donde se almacene. Nada más lejos de la realidad, sobre todo en actividades al aire libre donde las tarjetas, y el equipo en general, están sometidos a un mal trato intenso.
A diferencia de lo que ocurría con los carretes tradicionales, donde si existían diferentes calidades, sensibilidades, temperatura de color, etc., en las tarjetas de memoria tan solo se almacena la información que llega ya formada de nuestra cámara. Es en la cámara, en el sensor mejor dicho, y a través del objetivo donde la imagen se configura con la calidad y las características que tendrá cuando se transfiera a la tarjeta donde se almacenará hasta su posterior descarga.
Por lo tanto la tarjeta de memoria no determina la calidad fotográfica de la imagen.
La transferencia de información es, al fin y al cabo, una secuencia de 0 y 1, que en eso consiste el digital.
Sin embargo, hay una serie de características que hacen que la elección de la tarjeta sea importante. Por orden de prioridad pueden ser:
- - Elegir una tarjeta de marca conocida.
Es muy importante la construcción mecánica de la carcasa y el interior. Igual que ocurría con los carretes cuando los chasis eran de mala calidad o utilizábamos película de relleno, es posible que una tarjeta se abra perdiendo toda su información. Además siempre es más probable encontrarnos con ficheros dañados en tarjetas sin garantía que en otras de más calidad. Una sólida construcción de la tarjeta nos garantiza (por lo menos hasta cierto punto) que con las agresiones externas (como por ejemplo los cambios bruscos de temperatura, la humedad, los golpes) las imágenes de nuestra cámara estén seguras.
Como en casi todos los artículos electrónicos existen múltiples falsificaciones y segundas marcas que podemos encontrar en los bazares más insospechados de medio mundo. Al igual que con los filtros, mi consejo es elegir siempre una tienda especializada, una buena marca y la más cara que podamos pagar. No es infalible, pero podremos reclamar en caso de problemas (que siempre es un consuelo).
- - Es preferible llevar varias tarjetas de menor capacidad que una solo de mucha.
Nuestra tendencia natural a la comodidad (por lo menos la mía) nos lleva a pensar que con una sola tarjeta que almacene muchos megas nos evitaremos cambios innecesarios de tarjeta, pérdidas, ahorro de costos (y muchos otros argumentos propios de los vagos, insisto, como yo).
Pero la experiencia aconseja lo contrario. No existe mayor riesgo que salir de viaje con una sola tarjeta, por potente que esta sea (quizás solo comparable a ir por el mundo con una solo batería, pero de eso ya hablaremos). Aún recuerdo las paranoias que tenía cuando estaba de expedición y llevaba cientos de carretes. Pasaba horas contándolos una y mil veces, numerándolos, separando los expuestos de los vírgenes, preocupado siempre por la posibilidad de perder alguno. ¡¡Y entonces solo contenían 36 imágenes!!
¿Os dais cuenta del riesgo que se corre almacenando todas las fotografías de una actividad (que puede ser única e irrepetible) en una sola tarjeta? Puede ocurrir de todo: un fallo en la memoria que dañe los ficheros, una pérdida accidental de la tarjeta mientras estáis cambiando la batería…y lo peor, aunque por desgracia nada infrecuente, que os roben o perdáis la cámara con la tarjeta que contiene todas las fotos de vuestro viaje. Y esto es la putada perfecta: perder la cámara y las imágenes. Que más se puede pedir.
Por lo tanto mi consejo, salvo que queráis viajar con un disco externo de descarga o el portátil, y aún así, es que llevéis varias tarjetas de capacidad media (eso dependerá de vuestra cámara) y vayáis usándolas progresivamente durante el desarrollo de la actividad. Es importante que luego las guardéis en una funda protectora de las muchas que se venden en el mercado. Es mejor que estén bien protegidas, sobre todo de los golpes.
Por supuesto, estos consejos son sobre todo útiles para actividades de varios días, lejos de casa y en condiciones de cierta dureza. No hace falta que viváis permanentemente acojonados pensando que os va a fallar la tarjeta en una excursión el domingo con los amigos al monte de al lado.
- - Hay tarjetas de memoria con mayor velocidad de transferencia, lo que significa que los datos de la cámara (es decir, la fotografía) se almacena con mayor rapidez en la tarjeta, y ésta a su vez muestra en la pantalla la imagen también con mayor velocidad.
Estas tarjetas son mucho más caras y, la verdad, salvo que seáis unos atacados de la vida, la mejora que aportan en cuanto a velocidad solo es necesaria para trabajar en situaciones de mucha velocidad de disparo, por ejemplo en fotografía de animales o de acciones rápidas (escalada deportiva, esquí, bicicleta, etc.). Casi todas son de muy buena calidad, o sea, que además de rápidas, son muy sólidas y fiables. En este caso la economía manda, si puedes permitírtelas, siempre serán una buena elección.
4. Ya que hemos hablado de la protección de las tarjetas, vamos a hablar algo también de la protección de la cámara.
Hubo un tiempo en el que todas las cámaras réflex (y también las compactas) se vendían con su correspondiente funda protectora. Las cámaras se usaban sin motor (sí, en serio, hubo un tiempo en el que la película se avanzaba con la mano) y con objetivos cortos (50 mm. o zoom de poco recorrido) y esto permitía que las fundas pudieran cubrir la cámara y el objetivo.
La mayoría de las actuales cámaras digitales réflex se combinan con ópticas zoom de gran tamaño y esto hace que las fundas de cámara hallan caído en desuso.
En fotografía de montaña y aire libre la protección de la cámara es imprescindible. No importa lo que el fabricante nos cuente sobre la solidez de sus aparatos, sobre la resistencia a la humedad o el frío, tenemos que proteger nuestra cámara.
El problema muchas veces está cuando llevamos un equipo variado (más de un cuerpo y varios objetivos). Todo esto suele ir en una bolsa para el equipo y cuando alguno de los elementos sale de la maleta queda sin protección. ¿Cómo no estar influido por la imagen de los grandes reporteros con su bolsa de lona o su gran mochila con el equipo y la cámara colgando desnuda de un hombro musculoso (justo encima de la típica mancha de sudor guerrero bajo el sobaco)?.
Ya sé que es menos romántico, pero, salvo que tengáis intención de cambiar frecuentemente de equipo, en actividades de aire libre y en alta montaña esto no es muy recomendable.
Lo cierto es que, en general, hoy día se utiliza las más de las veces un objetivo zoom que cubre la mayoría de las focales que usamos normalmente. En las cámaras compactas este problema ni se plantea, ya que las ópticas no son intercambiables. Tenemos que buscar una funda que se adapte lo mejor posible a la cámara con el objetivo que usemos habitualmente. No importa que durante una parte del viaje vaya en la gran bolsa con el resto del equipo. Tarde o temprano tendremos que abandonar el equipo en el campamento o meterlo en la mochila para que no moleste y en ese momento nuestra cámara se encontrará sin protección en un medio completamente hostil. Os podría contar cuando rodeando la Breach Wall del Kilimanjaro, buscando la vía Messner, una piedra, que más parecía un meteorito, impacto en mi cámara (que entonces era una sólida Canon F1) y gracias a su funda de piel siguió durante años haciendo buenas fotos. O como después de recuperar la mochila sepultada por el polvo en la parte de atrás de un Pick up en el desierto de Atacama la cámara seguía limpia aunque su funda estuviese para el arrastre. O como he tenido que esperar a que se calentasen los corchetes metálicos que cerraban el estuche de mi Canon después de una noche infernal a -40º en la Isla de Baffin, porque estaban congelados, para después poder seguir haciendo fotos.
Pero no hace falta nada de todo eso. Es mucho más simple. No hay ninguna necesidad de someter a nuestra cámara, que es un mecanismo muy sofisticado de precisión, a ese mal trato.
Y en el caso de las cámaras digitales con mayor motivo. Todas las cámaras digitales tienen gran cantidad de mandos y botones que están sometidos a un gran desgaste. Insisto, tenemos que tener en cuente que la montaña es un medio hostil para los dispositivos electrónicos (también para las personas, pero eso es otra historia).
Desde los displays de cuarzo líquido que se ralentizan con el frío, hasta las pantallas traseras que pueden romperse con el golpe de un mosquetón o una piedra, pasando por los botones que se activan solos por el roce con el cuerpo o por los que entra la humedad dentro de la cámara.
Existen muchas maneras de proteger nuestra cámara, la buena es a la que vosotros os acostumbréis y con la que estéis cómodos. Si os gustan las riñoneras, vale. Si queréis una funda que contenga la cámara con su objetivo y alguna cosa más (un pequeño flash, alguna batería de repuesto) también. Pero mi consejo es que la funda y la cámara sean lo más compactas y ligeras posibles, que formen una sola pieza. Así vuestra cámara estará con vosotros en todas las cimas y su funda la protegerá en todo momento. Ella os estará agradecida.
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