10 CONSEJOS FOTOGRÁFICOS DE ALTURA (9 Y 10)
Publciado por javierselva - 27/11/08 a las 01:11:57 pm
Con estos dos últimos consejos finalizo la serie de “10 consejos fotográficos de altura” que espero os hayan sido de utilidad. Seguiremos en contacto con cosillas fotográicas, o no, en los próximos días.
9.- Nunca sabemos lo que nos deparará un día en la alta montaña y si podremos dedicarle más o menos tiempo al ajuste de los controles de nuestra cámara.
Mi experiencia me dice que el mejor momento para ajustar la cámara en profundidad es por la mañana, antes de empezar con la actividad del día, por el mismo motivo que lo mejor es revisar las tomas del día durante un momento en tranquilidad al final de la jornada.
Ya que las nuevas cámaras digitales nos permiten el ajuste de numerosos parámetros de la toma y de la imagen conviene que los revisemos y los adaptemos a las fotos que vamos a realizar durante la jornada.
Por lo tanto mi consejo es que antes de comenzar la actividad dediquéis algo de tiempo a ajustar algunos valores de la cámara que luego, durante el día, quizás no resulte tan cómodo manipular. Hay que tener en cuenta que la mayoría de estos ajustes (el balance de blancos, la calidad de la imagen, la compensación de la exposición, la sensibilidad, etc., etc.) hay que ajustarlos en el menú, con botones pequeños y a través de la pantalla trasera de la cámara. Imaginaos que comenzáis la jornada saliendo del refugio o de la tienda de campaña en un día luminoso pero frío de invierno. Lo normal es que comencéis la actividad con los guantes puestos y las gafas de glaciar ya colocadas. Puede ser toda una odisea intentar navegar en el menú con los guantes puestos (o pasando un mal rato sin ellos) y sin ver nada en la pantalla. Además de someter a nuestro equipo a las bajas temperaturas o a la tormenta fuera de su funda protectora mientras intentamos torpemente manipular los mandos de ajuste.
Por esto, y también por no ser una pesadez para el resto de los compañeros, es recomendable comprobar y ajustar la cámara al máximo antes de comenzar la jornada.
Podríamos comenzar, antes de nada, por una comprobación de la batería.
Como ya hemos dicho con anterioridad, la batería es el corazón de nuestra cámara y hay que prestarle el máximo de atenciones.
Lo primero es revisar como se encuentra antes de comenzar la jornada fotográfica, preguntarle como ha pasado la noche. Revisar el nivel de carga en el indicador de la cámara y confirmar que en efecto todos las funciones del equipo se comportan correctamente (autofocus, disparador, etc.).
Si no es así, sacar la batería de la cámara y calentarla con el calor de vuestro cuerpo, en algún bolsillo o similar. Si después de calentarla no se recupera, no dudéis en sustituirla por una que esté a plena carga. Mejor eso que tener que parar y hacer esperar a todo el grupo al poco tiempo de comenzar la actividad.
Una vez confirmado que nuestra batería se encuentra en perfecto estado, podéis pasar al ajuste del resto de parámetros del equipo.
Echar un vistazo al cielo y al tipo de luz que creáis que predominará en las próximas horas para ajustar la temperatura de color de las fotografías que vais a realizar, la sensibilidad del sensor, el tipo de medición que vais a realizar, así como otros ajustes más profesionales tipo compensación de la exposición o el balance de blancos. Claro que siempre podéis optar por el ajuste automático de todas estas variables, pero aun así conviene comenzar la actividad con esta opción previamente ajustada.
Cuando ya tengáis todos los valores colocados en vuestra cámara conviene que hagáis algunas fotos de prueba, incluso desde el saco sacando la cabeza por la puerta de la tienda, y comprobar que el resultado se ajusta a vuestros deseos y que todo funciona correctamente.
Ya sabéis cual es mi opinión: es preferible una buena toma que una imagen demasiado retocada en el ordenador.
Con estas pequeñas precauciones podréis comenzar la jornada en la montaña, por duras que sean las condiciones meteorológicas, con la seguridad de que desde el primer momento vuestras fotografías estarán a la altura de lo que esperáis de ellas. Y lo que también es muy importante, sin demorar la marcha de vuestros compañeros perdiendo el tiempo en ajustar el equipo fotográfico. Ya sabéis que en alta montaña la rapidez en muchos casos es sinónimo de seguridad. Y como decía mi buen amigo calabaza:” si hay algo peor que un fotógrafo, es un fotógrafo lento”.
10.- Y hablando de eso, quiero emplear este último consejo fotográfico de altura para daros una recomendación que no es estrictamente fotográfica pero que conviene que todos los que hacemos fotografías durante las actividades en la montaña tengamos en cuenta.
Muchas veces, durante un curso o en otras circunstancias, me han preguntado si me siento más alpinista o fotógrafo. Nunca sé que responder a ciencia cierta. De hecho la mayoría de las veces se puede conjugar ambas cosas con total naturalidad y sin ningún problema.
Pero en algunas ocasiones es posible que tengáis que elegir entre una de las dos.
A veces, pocas por fortuna, las duras condiciones de la actividad en montaña pueden exigir de vosotros el cien por cien como alpinistas teniendo que dejar aparcada por momentos vuestra condición de fotógrafos.
Mi consejo es que antes de ser un buen fotógrafo de montaña hay que ser un magnífico alpinista. De nada vale conocer la técnica fotográfica y el manejo del equipo si no estamos a la altura de las montañas que queremos fotografiar y del resto de compañeros que forman parte de la cordada. La fotografía no puede ser una excusa que justifique nuestro nivel por debajo de las exigencias de la montaña en cada momento.
Antes de ser fotógrafos debemos ser buenos montañeros, estar en forma, conocer los pormenores de la ruta a la que nos dirigimos, la climatología que nos aguarda, tener un buen manejo del equipo de montaña (cuerda, crampones, piolet, etc.), saber cuales son nuestros límites, aclimatar correctamente y todas las cosas que un buen alpinista debe de tener en cuenta para planificar una ascensión.
Un fotógrafo de montaña, para el resto de compañeros, siempre tiene que sumar, nunca restar. Es decir, además de ser uno más del grupo en todos los aspectos, tenemos la tarea extra de hacer fotografías de la actividad y reflejar lo mejor posible en imágenes todo lo que ocurre a nuestro alrededor.
Por lo tanto tenemos una doble tarea, por un lado la de montañeros, por otra la de fotógrafos. En numerosas ocasiones se identifica en montaña al fotógrafo con la persona más lenta del grupo o el pesado que se pasa la excursión retrasándonos con sus exigencias para conseguir una instantánea que la mayoría de las veces ni siquiera después llegamos a ver. Alguien que se pasa la vida pendiente de la cámara, de la luz o del encuadre un tanto ajeno al propio grupo y al desarrollo de la actividad que se desarrolla.
Esto no debería de ser así, insisto, la fotografía debe de ser una suma, nunca una resta.
Antes de fotógrafos debemos ser alpinistas.
Y mucho más cuando se trata de alta montaña o actividades que impliquen riesgo. Entonces puede ocurrir que incluso tengáis que prescindir de vuestra faceta de fotógrafos y guardar la cámara en la mochila para poder superar, junto a vuestros compañeros, un momento comprometido durante una tormenta, un rescate, atravesar un peligroso glaciar agrietado o cualquiera otra situación donde la cámara sea un inconveniente para vuestra seguridad o la de vuestros compañeros. No será la primera vez que veo a alguien dejar de asegurar a su compañero durante una escalada para hacer una foto o a todo un grupo de personas, algunas a punto de congelarse, esperando pacientemente a que el fotógrafo de turno dispare su cámara.
Por lo tanto, mi recomendación es que tengáis siempre mentalidad de montañeros, es decir, que sepáis que las actividades que se desarrollan en las montañas y al aire libre conllevan a veces algunos riesgos y casi siempre un gran esfuerzo físico y por lo tanto con cámara o sin ella tendréis que estar a la altura de las circunstancias.
Ser fotógrafo es un añadido posterior.
Es difícil ser un buen fotógrafo si no se es un buen montañero.
Por lo tanto no está de más para hacer una buena foto la forma física, el entrenamiento, la experiencia, el conocimiento de la montaña y todas las virtudes que harán de vosotros unos magníficos montañeros.
Y como una de las cosas que caracteriza a los buenos alpinistas es el conocimiento de sus propios límites, igual tiene que ocurrir con los fotógrafos de montaña.
No carguéis con un equipo fotográfico demasiado pesado que sea un lastre y os impida seguir el ritmo de vuestros compañeros.
Planificar la ruta y la actividad que vais a desarrollar en función de vuestras fuerzas y vuestros planes fotográficos. Es preferible una ruta más corta donde podáis tomar todas la instantáneas que queráis dedicando tiempo y tranquilidad a planificar los disparos, que una actividad muy exigente donde el tomar fotos sea un calvario para vosotros y vuestros compañeros.
Aún recuerdo durante una expedición a un pico sin ascender en Groenlandia, en mitad del Islandis, a mi amigo Ramón cargado hasta las orejas con el equipo fotográfico, que incluía hasta una enorme Polaroid. Ramón es fotógrafo de una agencia de publicidad, pero casi no tenía experiencia en esto de las montañas. Cuando, por razones de lo más peregrino, decidió unirse a nosotros actuó como cualquier fotógrafo normal. Pensando que sin duda encontraría en Groenlandia mil motivos sugerentes que fotografiar, como así es, reunió todo el equipo fotográfico que pensó que sería necesario (insisto, incluida enorme cámara instantánea Polaroid) para estar a la altura de las circunstancias como buen fotógrafo que es.
El pequeño detalle que se le escapó es que tendría que transportarlo a la espalda durante quince días junto con una mochila de cerca de treinta kilos. Cierto es que contábamos con encontrar unas pulkas (trineos que se utilizan en el Ártico para desplazar el peso) que nos facilitarían el trasporte del material, pero no aparecieron y cada kilo en nuestras espaldas fue como una auténtica tortura.
Ramón tuvo que dejar aparcada su faceta de fotógrafo para entregarse en cuerpo y alma a lo poco que tenía de alpinista si quería sobrevivir. Y la verdad es que lo hizo muy bien, y también consiguió unas fotografías estupendas de esta expedición con las que luego realizó una magnífica exposición.
Pero jamás olvidaré su cara de sufrimiento con la bolsa del equipo de fotos colgando de su cuello mientras recorríamos paso a paso las interminables llanuras heladas de Groenlandia. Seguro que, a pesar del resultado (porque además conseguimos ascender a la montaña virgen), mi amigo Ramón jamás volvería a repetir una actividad así con un equipo fotográfico parecido.
10 CONSEJOS FOTOGRÁFICOS DE ALTURA (7 Y 8)
Publciado por javierselva - 10/11/08 a las 03:11:47 pmComo el asunto de la batería en la fotografía digital de montaña es de una gran importancia, continuaremos con algunos consejos encaminados al ahorro de energía y a obtener de nuestras pilas el máximo rendimiento.
Una de las grandes ventajas de la fotografía digital es la posibilidad de comprobar el resultado de nuestro disparo en tiempo real. Confirmar que la toma ha sido buena viendo el resultado en la pantalla trasera, incluido el histograma, se ha convertido en un gesto habitual entre los fotógrafos de todas las especialidades y lo hemos incorporado de tal manera a nuestras costumbres fotográficas que hoy en día resulta casi imposible prescindir de esta comprobación posterior al disparo.
Aún no deja de asombrarme (quizás porque para mi todavía es asombroso) cuando fotografío niños en los lugares más remotos de la tierra y salen corriendo hacia mí para ver el resultado de la fotografía en la pantalla de la cámara. Tanto ha calado esta práctica de confirmar el resultado del disparo en la pantalla que conozco muchos fotógrafos, bastantes de ellos profesionales, que experimentan una especie de ansiedad que les empuja a repasar una y otra vez las imágenes en la pantalla.
No resulta raro ver fotógrafos que en lugar de mirar por el visor a la espera de captar la mejor instantánea se pasen la mayor parte del tiempo analizando las fotografías ya tomadas en el monitor de control. Por no hablar de la tortura que supone que alguien te cuente su viaje enseñándote las fotos en la propia cámara, costumbre solo superada en horror por el visionado en grupo del video de la boda de algún recién casado.
Yo, tengo que reconocerlo, me eduqué visualmente en otros tiempos. La imagen solo aparecía ante nosotros después de laboriosos procesos químicos llenos de misterio y sorpresas. Era casi mágico ver aparecer la imagen poco a poco en el papel sumergido dentro de la cubeta llena de líquido revelador, o abrir las cajas de diapositivas en el mostrador del laboratorio después de dos meses de expedición porque la ansiedad no nos permitía llegar con ellas cerradas a casa.
Entonces no existía la posibilidad de ver el resultado del disparo y solo podíamos confiar en nuestra técnica y nuestra experiencia para asegurar el resultado final. Por lo tanto, para mí prescindir de revisar constantemente las fotos en la pantalla trasera no supone ningún esfuerzo. De aquellos tiempos aprendí eso de que la fotografía después de la toma, cuando ya está en nuestra cámara, tiene vida propia, es autónoma.
Miles de veces resulta que las imágenes finales no son exactamente lo que esperábamos, algunas incluso no se parecen en nada. Pensar en cuántas de vuestras fotografías han sido una sorpresa cuando las habéis visto después en el ordenador o en la copia en papel. Durante mucho tiempo, cuando el retoque digital de las fotografías no era posible, esperábamos el revelado con nerviosismo sabiendo que, sobre todo con las diapositivas, no podríamos hacer nada fuese como fuese el resultado final. La técnica fotográfica servía, sobre todo, para aproximar al máximo la imagen que teníamos en la cabeza sobre el sujeto a fotografiar con la fotografía que queríamos hacer de él. Uno se consideraba un buen fotógrafo cuando era capaz de sacar el máximo posible de algo en forma de imagen fotográfica.
Y partiendo de un buen conocimiento de la técnica, algunas veces ocurría el milagro. Sin saber muy bien como, aparecía una diapo excepcional, sorprendente y absolutamente imprevista, iluminada por una luz que no habíamos visto entrando por un collado o un color que no habíamos registrado en nuestra retina. Un retrato con una sonrisa luminosa o el gesto desesperado del compañero llegando a la reunión que solo sabemos que existió porque nuestra cámara fue más rápida captándolo que nuestros ojos. Y tantas y tantas imágenes que existen y son geniales porque algo ocurre con la fotografía que es capaz de captar algunas cosas que nosotros no vemos en el momento del disparo. Por eso mi insistencia en la magia del disparo, en despojarlo de todo lo accesorio, en convertirlo en un momento único y ritual, fruto del cual casi todo puede ocurrir. Siempre será sorprendente, filosófico y casi mágico que el tiempo y el espacio queden retenidos por un acto de voluntad individual. Por eso muchos consideramos la fotografía como un arte, porque es un gran momento creativo.
Uno es la imposibilidad de economizar batería desconectando la pantalla y pasando a encuadrar con el visor óptico que no consume energía. Esto puede ser la diferencia entre tener fotos de la cima o quedarnos sin pila antes de llegar. Además, teniendo en cuenta que el monitor es una de las partes más frágiles de nuestra cámara, podemos protegerlo con una funda y encuadrar por el visor en caso de que la dureza de la actividad así lo requiera.
Otro inconveniente, y no pequeño, es que cuando la luz ambiente es alta, y esto ocurre con frecuencia en alta montaña con nieve, las pantallas de las cámaras son de difícil lectura. En algunos modelos podemos aumentar la intensidad de iluminación de la pantalla pero esto conlleva un mayor gasto energético y no siempre soluciona el problema. En algunas cámaras, con un día luminoso en montaña y las gafas de glaciar puestas, la imagen del monitor simplemente desaparece y resulta imposible el encuadre.
Por todos estos motivos mi recomendación es elegir para montaña cámaras, réflex o compactas, que tengan, además de pantalla electrónica, visor óptico por el que poder encuadrar. Ya sé que estos visores nunca ofrecen el cien por cien de la imagen a fotografiar pero es un mal menor comparado con una batería a punto de agotarse o un día luminoso que nos anula la pantalla.
8. Y el último consejo sobre el corazoncito de nuestra cámara que es la batería os parecerá una obviedad pero es muy útil: sacar la batería de la cámara durante la noche y dormir con ella en el saco.
Ya sé que tod@s preferiríais otr@s compañeros de saco pero la fotografía con frío tiene estos sacrificios…
SARABASTALL INAUGURA EL 8 DE NOVIEMBRE UN CICLO DE AUDIOVISUALES COMENTADOS
Publciado por javierselva - 07/11/08 a las 12:11:29 pmLa asociación Sarabastall presenta este mes “Tiempo de Aventura 2008″,un ciclo de montajes audiovisuales comentados que cumple su XVIª edición. Una excusa perfecta para que los amigos de la montaña volvamos a darnos cita y hagamos una puesta en común de nuestros viajes y experiencias y los compartamos.
Me gustaría hacer una mención especial a la asociación organizadora, por los proyectos tan humanitarios que ha llevado a cabo (véase en su página web el proyecto Hushé), y por interesarse en que formemos parte de estos encuentros.
Así pues, os espero el próximo día 8 de noviembre en el salón de actos del Ayuntamiento de Nonaspe, en Zaragoza, para una nueva proyección de nuestra última expedición (Tayikistán: el Pamir por la puerta de atrás). Las charlas se prolongarán los días 14 (con Pati Blasco), 15 (Juanjo Garra), 28 (Diego Ballesteros) y 29 (Alberto Zerain) del mismo mes. Podéis consultar el lugar y la hora en mi blog personal (www.javierselva.es).
Saludos!
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