10 CONSEJOS FOTOGRÁFICOS DE ALTURA (9 Y 10)

 

 

Con estos dos últimos consejos finalizo la serie de “10 consejos fotográficos de altura” que espero os hayan sido de utilidad. Seguiremos en contacto con cosillas fotográicas, o no, en los próximos días.

 

 

 

9.- Nunca sabemos lo que nos deparará un día en la alta montaña y si podremos dedicarle más o menos tiempo al ajuste de los controles de nuestra cámara.

Mi experiencia me dice que el mejor momento para ajustar la cámara en profundidad es por la mañana, antes de empezar con la actividad del día, por el mismo motivo que lo mejor es revisar las tomas del día durante un momento en tranquilidad al final de la jornada.

Ya que las nuevas cámaras digitales nos permiten el ajuste de numerosos parámetros de la toma y de la imagen conviene que los revisemos y los adaptemos a las fotos que vamos a realizar durante la jornada.

Por lo tanto mi consejo es que antes de comenzar la actividad dediquéis algo de tiempo a ajustar algunos valores de la cámara que luego, durante el día, quizás no resulte tan cómodo manipular. Hay que tener en cuenta que la mayoría de estos ajustes (el balance de blancos, la calidad de la imagen, la compensación de la exposición, la sensibilidad, etc., etc.) hay que ajustarlos en el menú, con botones pequeños y a través de la pantalla trasera de la cámara. Imaginaos que comenzáis la jornada saliendo del refugio o de la tienda de campaña en un día luminoso pero frío de invierno. Lo normal es que comencéis la actividad con los guantes puestos y las gafas de glaciar ya colocadas. Puede ser toda una odisea intentar navegar en el menú con los guantes puestos (o pasando un mal rato sin ellos) y sin ver nada en la pantalla. Además de someter a nuestro equipo a las bajas temperaturas o a la tormenta fuera de su funda protectora mientras intentamos torpemente manipular los mandos de ajuste.

Por esto, y también por no ser una pesadez para el resto de los compañeros, es recomendable comprobar y ajustar la cámara al máximo antes de comenzar la jornada.

 

 

Podríamos comenzar, antes de nada, por una comprobación de la batería.

Como ya hemos dicho con anterioridad, la batería es el corazón de nuestra cámara y hay que prestarle el máximo de atenciones.

Lo primero es revisar como se encuentra antes de comenzar la jornada fotográfica, preguntarle como ha pasado la noche. Revisar el nivel de carga en el indicador de la cámara y confirmar que en efecto todos las funciones del equipo se comportan correctamente (autofocus, disparador, etc.).

Si no es así, sacar la batería de la cámara y calentarla con el calor de vuestro cuerpo, en algún bolsillo o similar. Si después de calentarla no se recupera, no dudéis en sustituirla por una que esté a plena carga. Mejor eso que tener que parar y hacer esperar a todo el grupo al poco tiempo de comenzar la actividad.

Una vez confirmado que nuestra batería se encuentra en perfecto estado, podéis pasar al ajuste del resto de parámetros del equipo.

Echar un vistazo al cielo y al tipo de luz que creáis que predominará en las próximas horas para ajustar la temperatura de color de las fotografías que vais a realizar, la sensibilidad del sensor, el tipo de medición que vais a realizar, así como otros ajustes más profesionales tipo compensación de la exposición o el balance de blancos. Claro que siempre podéis optar por el ajuste automático de todas estas variables, pero aun así conviene comenzar la actividad con esta opción previamente ajustada.

 

Cuando ya tengáis todos los valores colocados en vuestra cámara conviene que hagáis algunas fotos de prueba, incluso desde el saco sacando la cabeza por la puerta de la tienda, y comprobar que el resultado se ajusta a vuestros deseos y que todo funciona correctamente.

Ya sabéis cual es mi opinión: es preferible una buena toma que una imagen demasiado retocada en el ordenador.

Con estas pequeñas precauciones podréis comenzar la jornada en la montaña, por duras que sean las condiciones meteorológicas, con la seguridad de que desde el primer momento vuestras fotografías estarán a la altura de lo que esperáis de ellas. Y lo que también es muy importante, sin demorar la marcha de vuestros compañeros perdiendo el tiempo en ajustar el equipo fotográfico. Ya sabéis que en alta montaña la rapidez en muchos casos es sinónimo de seguridad. Y como decía mi buen amigo calabaza:” si hay algo peor que un fotógrafo, es un fotógrafo lento”.

 

10.- Y hablando de eso, quiero emplear este último consejo fotográfico de altura para daros una recomendación que no es estrictamente fotográfica pero que conviene que todos los que hacemos fotografías durante las actividades en la montaña tengamos en cuenta.

Muchas veces, durante un curso o en otras circunstancias, me han preguntado si me siento más alpinista o fotógrafo. Nunca sé que responder a ciencia cierta. De hecho la mayoría de las veces se puede conjugar ambas cosas con total naturalidad y sin ningún problema.

Pero en algunas ocasiones es posible que tengáis que elegir entre una de las dos.

A veces, pocas por fortuna, las duras condiciones de la actividad en montaña pueden exigir de vosotros el cien por cien como alpinistas teniendo que dejar aparcada por momentos vuestra condición de fotógrafos.

Mi consejo es que antes de ser un buen fotógrafo de montaña hay que ser un magnífico alpinista. De nada vale conocer la técnica fotográfica y el manejo del equipo si no estamos a la altura de las montañas que queremos fotografiar y del resto de compañeros que forman parte de la cordada. La fotografía no puede ser una excusa que justifique nuestro nivel por debajo de las exigencias de la montaña en cada momento.

 

Antes de ser fotógrafos debemos ser buenos montañeros, estar en forma, conocer los pormenores de la ruta a la que nos dirigimos, la climatología que nos aguarda, tener un buen manejo del equipo de montaña (cuerda, crampones, piolet, etc.), saber cuales son nuestros límites, aclimatar correctamente y todas las cosas que un buen alpinista debe de tener en cuenta para planificar una ascensión.

Un fotógrafo de montaña, para el resto de compañeros, siempre tiene que sumar, nunca restar. Es decir, además de ser uno más del grupo en todos los aspectos, tenemos la tarea extra de hacer fotografías de la actividad y reflejar lo mejor posible en imágenes todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Por lo tanto tenemos una doble tarea, por un lado la de montañeros, por otra la de fotógrafos. En numerosas ocasiones se identifica en montaña al fotógrafo con la persona más lenta del grupo o el pesado que se pasa la excursión retrasándonos con sus exigencias para conseguir una instantánea que la mayoría de las veces ni siquiera después llegamos a ver. Alguien que se pasa la vida pendiente de la cámara, de la luz o del encuadre un tanto ajeno al propio grupo y al desarrollo de la actividad que se desarrolla.

Esto no debería de ser así, insisto, la fotografía debe de ser una suma, nunca una resta.

Antes de fotógrafos debemos ser alpinistas.

Y mucho más cuando se trata de alta montaña o actividades que impliquen riesgo. Entonces puede ocurrir que incluso tengáis que prescindir de vuestra faceta de fotógrafos y guardar la cámara en la mochila para poder superar, junto a vuestros compañeros, un momento comprometido durante una tormenta, un rescate, atravesar un peligroso glaciar agrietado o cualquiera otra situación donde la cámara sea un inconveniente para vuestra seguridad o la de vuestros compañeros. No será la primera vez que veo a alguien dejar de asegurar a su compañero durante una escalada para hacer una foto o a todo un grupo de personas, algunas a punto de congelarse, esperando pacientemente a que el fotógrafo de turno dispare su cámara.

Por lo tanto, mi recomendación es que tengáis siempre mentalidad de montañeros, es decir, que sepáis que las actividades que se desarrollan en las montañas y al aire libre conllevan a veces algunos riesgos y casi siempre un gran esfuerzo físico y por lo tanto con cámara o sin ella tendréis que estar a la altura de las circunstancias.

Ser fotógrafo es un añadido posterior.

Es difícil ser un buen fotógrafo si no se es un buen montañero.

Por lo tanto no está de más para hacer una buena foto la forma física, el entrenamiento, la experiencia, el conocimiento de la montaña y todas las virtudes que harán de vosotros unos magníficos montañeros.

Y como una de las cosas que caracteriza a los buenos alpinistas es el conocimiento de sus propios límites, igual tiene que ocurrir con los fotógrafos de montaña.

No carguéis con un equipo fotográfico demasiado pesado que sea un lastre y os impida seguir el ritmo de vuestros compañeros.

Planificar la ruta y la actividad que vais a desarrollar en función de vuestras fuerzas y vuestros planes fotográficos. Es preferible una ruta más corta donde podáis tomar todas la instantáneas que queráis dedicando tiempo y tranquilidad a planificar los disparos, que una actividad muy exigente donde el tomar fotos sea un calvario para vosotros y vuestros compañeros.

 

 

Aún recuerdo durante una expedición a un pico sin ascender en Groenlandia, en mitad del Islandis, a mi amigo Ramón cargado hasta las orejas con el equipo fotográfico, que incluía hasta una enorme Polaroid. Ramón es fotógrafo de una agencia de publicidad, pero casi no tenía experiencia en esto de las montañas. Cuando, por razones de lo más peregrino, decidió unirse a nosotros actuó como cualquier fotógrafo normal. Pensando que sin duda encontraría en Groenlandia mil motivos sugerentes que fotografiar, como así es, reunió todo el equipo fotográfico que pensó que sería necesario (insisto, incluida enorme cámara instantánea Polaroid) para estar a la altura de las circunstancias como buen fotógrafo que es.

El pequeño detalle que se le escapó es que tendría que transportarlo a la espalda durante quince días junto con una mochila de cerca de treinta kilos. Cierto es que contábamos con encontrar unas pulkas (trineos que se utilizan en el Ártico para desplazar el peso) que nos facilitarían el trasporte del material, pero no aparecieron y cada kilo en nuestras espaldas fue como una auténtica tortura.

Ramón tuvo que dejar aparcada su faceta de fotógrafo para entregarse en cuerpo y alma a lo poco que tenía de alpinista si quería sobrevivir. Y la verdad es que lo hizo muy bien, y también consiguió unas fotografías estupendas de esta expedición con las que luego realizó una magnífica exposición.

Pero jamás olvidaré su cara de sufrimiento con la bolsa del equipo de fotos colgando de su cuello mientras recorríamos paso a paso las interminables llanuras heladas de Groenlandia. Seguro que, a pesar del resultado (porque además conseguimos ascender a la montaña virgen), mi amigo Ramón jamás volvería a repetir una actividad así con un equipo fotográfico parecido.

 

2 Comentarios »

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  1. muy bueno el reportaje, se agradecen estos detalles en los que a veces nunca se cae..

    Comentario por jorperc — 27 Noviembre 2008 #

  2. He puesto en práctica algún consejo de los que nos has dado y realmente han sido de gran utilidad, sobre todo para algunos que todavía somos muy novatos en esto de la fotografía; además están acompañados de imágenes muy buenas. Espero que pronto nos detalles más sobre tu faceta alpinística y fotográfica, ya que siempre se aprenden cosas nuevas de los expertos.

    Comentario por eva — 28 Noviembre 2008 #

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